OLVIDAR
Esa es la palabra, lo que necesitaba en este mismo momento, desaparecer de este mundo imperfecto donde solo existe avaricia y seres egoístas. Pero entonces apareciste tú.
Estaba sentada sobre un verdoso prado de margaritas enfrente de un hermoso lago con unas aguas cristalinas donde habitaban multitud de peces desconocidos por personas que ignoraban su existencia de la faz de la Tierra.En un lado del lago se encontraba una pequeña catarata, en la que caía agua sin fin. Todo iluminado a la perfección por la luz que alumbraba toda aquel paraíso.
Alcanzando la vista al principio de
aquel torrente, se encontraba una sombra a la distancia que poco a poco se fue
alejando hacia el lado opuesto a esta pequeña maravilla, donde reinaba la paz, tranquilidad, y no existía problema o dilema alguno.
La curiosidad me concomía por
dentro, preguntándome a donde había llegado a parar aquel individuo desconocido
pero una pequeña atracción hacia él,
hizo que lo siguiera, si fuera falta hasta el con fin de la Tierra.
Mi mente solo pensaba a donde
habría ido a parar, mis pies andaban solos encaminando un rumbo sin descifrar.
Tras un rato buscando con la vista, me encontraba en la cima de aquel
precipicio, cuando sin ninguna otra razón me encontraba en el agua, intentando
salir a flote.
Llego a la orilla y un pequeño ruido de una roca contra el agua hizo que mi mirada se desviara contra el comienzo de aquel abismo.
Llego a la orilla y un pequeño ruido de una roca contra el agua hizo que mi mirada se desviara contra el comienzo de aquel abismo.
Él. Aquel desconocido era un
chico, pero no me dio tiempo a detallar más de él. Todo se volvió oscuro, y una
voz familiar interrumpió mi espléndido sueño.
-
¡ Mónica, levántate llegaremos tarde!-. Silvia
alzó la persiana, haciendo entrar enormes e irritantes rayos del potente sol,
que deslumbraban e iluminaban la desordenada habitación.
-
¡ Buenos
días a ti también Silvia! -. Mi amiga notó el sarcasmo y se acercó hacia a mí
con una pequeña sonrisa entreabriendo los brazos, formando un cálido abrazo.
Silvia y yo
desayunamos plácidamente, después marchamos hacia el apartamento de nuestro
amigo Bruno.
Bruno y yo eramos amigos desde pequeños.Bruno y
yo eramos amigos desde que tenía uso de la razón, nuestras familias eran
grandes amigas, sin embargo Silvia y yo no
nos conocimos en el instituto, ella venía nueva de otro sitio, pero en poco
tiempo cojímos la confianza necesaria para desahogarnos mutuamente entre risas,
secretos, lágrimas….
Bruno y
ella se hicieron grandes amigos, tanto como el y yo desde pequeños, también
conocidos como los tres mosqueteros.
Bruno nos anunció que nos
llevaría por sorpresa a las dos un sitio
por la noche, a si que nos fuimos a arreglar.
Estábamos
sentados en una de las terrazas más extravagantes, con la único inconveniente
de que era mediados de enero. Todos
vestían sus más elegantes trajes y vestidos, acompañados de carísimas joyas.
Silvia y yo
veníamos vestidas apropiadamente para la
ocasión. Mi amiga, llevaba un vestido color celeste de palabra de honor y
calzaba unos tacones negros de aguja de vértigo, y con el pelo rizado y
colocado a un lado dejando ver uno de sus largos y preciosos pendientes que
conservaba cuando se los regalamos todas mis amigas y yo para su decimoséptimo
cumpleaños.
Yo vestía con un pantalón corto
elegante negro, acompañado de una camisa blanca abotonada, y unas manoletinas a
juego con la camisa, asociado con una coleta alta y u poco de maquillaje ya que
insistió Silvia en que la ocasión lo requería.
Todas estas
personas caracterizadas únicamente por su dinero, quienes no importaba su
personalidad, ni la procedencia del dinero ni de las galas que vestían estas
personas anónimas.
Más tarde,
Bruno nos dio una segunda sorpresa, nos
reencontramos con nuestros amigos del instituto y viejos amigos que
sinceramente no conocía de nada. También vinieron amigos de Bruno que ni
Silvia, ni yo conocíamos de nada, pero parecían simpáticos.
Después de
tomar algo en la terraza, fuimos a un restaurante de comida rápida. Los amigos
de Bruno eran muy graciosos y muy amables.Bruno nos
dijo que había unos amigos suyos que llegarían en media hora, y quedaríamos en
ir a buscarlos en el parque.
Tras la
media hora fuimos para el parque, donde estaba muy oscuro y solo se escuchaban
risas y el chirrido del viejo columpio. Bruno entró corriendo junto a los demás
chicos con los que pasamos la noche, hicieron una especie de saludo de hombres
acompañado de muchas bromas.
Me senté en
el banco esperando a que saliera Bruno y sus amigos. El frío empezó a calare
los huesos, me estaba helando de frío.
Cuando se
dignaron a salir, mi vista apreció una de las mejores imágenes que podía haber
contemplado desde entonces. Apareció él.
Era el
chico que apareció en mi sueño cuando estaba en la cascada, pero esta vez pude
examinar detenidamente su rostro.
Era de pelo
moreno, desordenado pero perfectamente colocado para mi gusto. Tenía un
peculiar color de mejillas, seguramente ese rojo sería por el frío que hacái en
el parque. Tenía una perfecta sonrisa que permanecía constante en su cara, con
una impecable hilera de blancos y relucientes dientes.
Todo aquel frío que hasta hace un
minuto habitaba en mi fue intercambiado por una sensación se mariposas en el
estómago y una cálida sensación de seguridad a su lado. Era un completo extraño
pero solo con verle, se sentía tan bien.
-Mónica,
este es mi amigo Shawn, es un amigo mío.- Dijo acercándose con el chico hacia el
banco donde estaba sentada, ocultando mi cara por el frío, y moviendo mis piernas
rápidamente intentando entrar en calor.
-Hola Mónica,
encantado.- Dijo sonrojado sentándose en el banco a mi lado. Bruno nos dejó
solos. El se quedó mirándome descaradamente cuando habló:
¿ Tienes
frío?.- Preguntó y yo asentí levemente.
Se quitó la
chaqueta que llevaba quedando en sudadera, y sin más la colocó sobre mis
hombros y mirándome a los ojos.
Justamente
en ese momento, se paró el tiempo y me perdí en sus ojos color miel intentando
ver más allá de ellos. Apareciendo de nuevo en aquel
prado, solo nosotros dos, sin aquel incómodo frío.
Hasta que
mi querido amigo interrumpió :
-
Chicos, nos
vamos a tomar algo por ahí, ¿ queréis venir?.- Dijo guiñándome el ojo después
de haber estado presente de aquel extraño suceso.
Ambos asentimos sonrojados por el reciente acto, y fuimos con los demás. La noche estuvo llena de risas y miradas entre él y yo, que hacían desaparecer a todos y a todo lo que nos rodeaba.
SOLO ÉL Y YO
NADA MÁS.