domingo, 18 de enero de 2015

Capítulo 5- Te encontré


   

  OLVIDAR
     
 Esa es la palabra, lo que necesitaba en este mismo momento, desaparecer de este    mundo imperfecto donde solo existe avaricia y seres egoístas. Pero entonces    apareciste tú.


 Estaba sentada sobre un verdoso prado de margaritas enfrente de un hermoso lago con unas aguas cristalinas donde habitaban multitud de peces desconocidos por personas que ignoraban su existencia de  la faz de la Tierra.En un lado del lago se encontraba una pequeña catarata, en la que caía agua sin fin. Todo iluminado a la perfección por la luz que alumbraba toda aquel paraíso.
Alcanzando la vista al principio de aquel torrente, se encontraba una sombra a la distancia que poco a poco se fue alejando hacia el lado opuesto a esta pequeña maravilla, donde reinaba la paz,  tranquilidad, y no existía problema o dilema alguno.
La curiosidad me concomía por dentro, preguntándome a donde había llegado a parar aquel individuo desconocido pero una pequeña atracción  hacia él, hizo que lo siguiera, si fuera falta hasta el con fin de la Tierra.
Mi mente solo pensaba a donde habría ido a parar, mis pies andaban solos encaminando un rumbo sin descifrar. Tras un rato buscando con la vista, me encontraba en la cima de aquel precipicio, cuando sin ninguna otra razón me encontraba en el agua, intentando salir a flote.                                                                                                      
Llego a la orilla y un pequeño ruido de una roca contra el agua hizo que mi mirada se desviara contra el comienzo de aquel abismo.
Él. Aquel desconocido era un chico, pero no me dio tiempo a detallar más de él. Todo se volvió oscuro, y una voz familiar interrumpió mi espléndido sueño.

-          ¡  Mónica, levántate llegaremos tarde!-. Silvia alzó la persiana, haciendo entrar enormes e irritantes rayos del potente sol, que deslumbraban e iluminaban la desordenada habitación.
-          ¡ Buenos días a ti también Silvia! -. Mi amiga notó el sarcasmo y se acercó hacia a mí con una pequeña sonrisa entreabriendo los brazos, formando un cálido abrazo.

Silvia y yo desayunamos plácidamente, después marchamos hacia el apartamento de nuestro amigo Bruno.
Bruno y yo eramos amigos desde pequeños.Bruno y yo eramos amigos desde que tenía uso de la razón, nuestras familias eran grandes amigas,  sin embargo Silvia y yo no nos conocimos en el instituto, ella venía nueva de otro sitio, pero en poco tiempo cojímos la confianza necesaria para desahogarnos mutuamente entre  risas, secretos, lágrimas….

Bruno y ella se hicieron grandes amigos, tanto como el y yo desde pequeños, también conocidos como los tres mosqueteros.

Bruno nos anunció que nos llevaría por sorpresa a las dos  un sitio por la noche, a si que nos fuimos a arreglar.

Estábamos sentados en una de las terrazas más extravagantes, con la único inconveniente de que era mediados de enero.  Todos vestían sus más elegantes trajes y vestidos, acompañados de carísimas joyas.              
Silvia y yo veníamos vestidas  apropiadamente para la ocasión. Mi amiga, llevaba un vestido color celeste de palabra de honor y calzaba unos tacones negros de aguja de vértigo, y con el pelo rizado y colocado a un lado dejando ver uno de sus largos y preciosos pendientes que conservaba cuando se los regalamos todas mis amigas y yo para su decimoséptimo cumpleaños.
Yo vestía con un pantalón corto elegante negro, acompañado de una camisa blanca abotonada, y unas manoletinas a juego con la camisa, asociado con una coleta alta y u poco de maquillaje ya que insistió Silvia en que la ocasión lo requería.

Todas estas personas caracterizadas únicamente por su dinero, quienes no importaba su personalidad, ni la procedencia del dinero ni de las galas que vestían estas personas anónimas.

Más tarde, Bruno nos dio  una segunda sorpresa, nos reencontramos con nuestros amigos del instituto y viejos amigos que sinceramente no conocía de nada. También vinieron amigos de Bruno que ni Silvia, ni yo conocíamos de nada, pero parecían simpáticos.

Después de tomar algo en la terraza, fuimos a un restaurante de comida rápida. Los amigos de Bruno eran muy graciosos y muy amables.Bruno nos dijo que había unos amigos suyos que llegarían en media hora, y quedaríamos en ir a buscarlos en el parque.

Tras la media hora fuimos para el parque, donde estaba muy oscuro y solo se escuchaban risas y el chirrido del viejo columpio. Bruno entró corriendo junto a los demás chicos con los que pasamos la noche, hicieron una especie de saludo de hombres acompañado de muchas bromas.

Me senté en el banco esperando a que saliera Bruno y sus amigos. El frío empezó a calare los huesos, me estaba helando de frío.

Cuando se dignaron a salir, mi vista apreció una de las mejores imágenes que podía haber contemplado desde entonces. Apareció él. 

Era el chico que apareció en mi sueño cuando estaba en la cascada, pero esta vez pude examinar detenidamente su rostro.

Era de pelo moreno, desordenado pero perfectamente colocado para mi gusto. Tenía un peculiar color de mejillas, seguramente ese rojo sería por el frío que hacái en el parque. Tenía una perfecta sonrisa que permanecía constante en su cara, con una impecable hilera de blancos y relucientes dientes.


Todo aquel frío que hasta hace un minuto habitaba en mi fue intercambiado por una sensación se mariposas en el estómago y una cálida sensación de seguridad a su lado. Era un completo extraño pero solo con verle, se sentía tan bien.
-Mónica, este es mi amigo Shawn, es un amigo mío.- Dijo acercándose con el chico hacia el banco donde estaba sentada, ocultando mi cara por el frío, y moviendo mis piernas rápidamente intentando entrar en calor.

-Hola Mónica, encantado.- Dijo sonrojado sentándose en el banco a mi lado. Bruno nos dejó solos. El se quedó mirándome descaradamente cuando habló:

¿ Tienes frío?.- Preguntó  y yo asentí levemente.

Se quitó la chaqueta que llevaba quedando en sudadera, y sin más la colocó sobre mis hombros y mirándome a los ojos.

Justamente en ese momento, se paró el tiempo y me perdí en sus ojos color miel intentando ver más allá de ellos. Apareciendo de nuevo en aquel prado, solo nosotros dos, sin aquel incómodo frío.

Hasta que mi querido amigo interrumpió :

-          Chicos, nos vamos a tomar algo por ahí, ¿ queréis venir?.- Dijo guiñándome el ojo después de haber estado presente de aquel extraño suceso. 

     Ambos asentimos sonrojados por el reciente acto, y fuimos con los demás. La noche estuvo llena de risas y miradas entre él y yo, que hacían desaparecer a todos y a todo lo que nos rodeaba.


      SOLO ÉL Y YO
      NADA MÁS.