domingo, 22 de febrero de 2015

Capítulo 7- Nos volvemos a encontrar...




     Liberada, esa era la palabra que me definía a la perfección en este momento. Pienso que tengo que darme un tiempo, un periodo descanso para mí, para pensar que quería de verdad. Salir de aquel laberinto para mí, en el que solamente encontraba puertas sin salida, pero por fin he podido escapar y pienso rehacer mi vida, con una única meta: ser feliz.

Día soleado, un cielo azul celeste acompañado con pequeñas y blancas nubes por las que revolotean risueños pájaros piando. Era un día que quería aprovechar, era maravilloso, o eso me parecía a mí. 

Seguía mi rutina monótona pero con una sonrisa permanente en mi  cara, con mis motivos.
Me vestí cómoda pero arreglada: unos vaqueros negros entubados y una blusa holgada azul, y con un calzado adecuado y confortable. Cuando fui a llamar a Silvia para preguntarla si quería venir conmigo a celebrar mi " libertad", fui buscándola por todos los sitios del departamento pero no la encontré. Por último me quedaba la cocina y efectivamente lo que me esperaba. Estaba sola en mi piso. me acerqué al frigorífico y encontré una nota que decía lo siguiente:

" Hola Mónica, soy Silvia. Siento no haberte avisado de que salía pero no quería despertarte. He salido con Bruno y sus amigos. Cuando despiertes si quieres, me llamas y vienes.
Un beso, te quiere tu amiga Silvia."

Al leer la nota, la frase cuando mencionó que estaba con los amigos de Bruno, se me vino a la cabeza la noche de antes de ayer, cuando me hice unos amigos fantásticos, y sobre todo cuando conocí a Shawn.

Solo de pensar en aquel chico mi corazón iba a mil por hora, las palmas de mis pequeñas manos empezaban a sudar incontroladamente, a sentir que mil mariposas revoloteaban en mi estómago. 

Pasó media hora de paseos en mi habitación pensando si ir o no, cuestionándome que sería de mí si esos ojos color miel se encontraran de nuevo con los míos, de que hablaría.... Al final decidí ir, en el fondo tenía ganas de volver a verle, pero tenía miedo del ridículo que podría llegar a hacer.
Me deje el pelo suelto, cogí mis gafas de sol y mi bolso y emprendí camino a la calle. Una vez ya abajo llamé a Silvia, esta me dijo que estaban en una cafetería, cerca de una de las más librerías más famosas de la cuidad.

Fui andando, el día era bastante agradable y era apetecible ver el ambiente de una de las ciudades más importantes del país, atravesándola  por parques llenos de árboles de varios colores y flores de todas las clases, olores y texturas... 
Tras un agradable paseo, llegue a la calle donde estaba el café, pero antes decidí echar un vistazo al escaparate de la librería de donde he sacado todos mis libros, todos obras de arte. 
Habían muchos libros, de todas las categorías, tanto de acción, como de suspense... Desde libros infantiles, hasta los de terror. Decidí pasar a ver la estantería de los libros más vendidos e indagar. Me acerqué a la estantería y encontré un libro que me llamó la atención: Moby Dick y Cumbres borrascosas. El libro que cada noche hacía que cayera en un profundo sueño, con la mejor narradora que cualquier niña de 10 años podría soñar con sus gestos, con la emoción y énfasis que ponía, con mis continuas interrupciones por palabras que desconocía. Nunca entendí el libro ni me gustó, pero el cariño que empeñaba mi madre superaba cualquier otro dilema.


Una pequeña lágrima corrió por mi mejilla, recordado y haciendo añorar viejos tiempos, pero una sonrisa se exhibió en mi rostro apoderándose completamente de él, y agradeciendo la maravillosa infancia que me ha hecho ser como soy y formarme gracias a mis padres.

Decidí encargar el libro y enviárselo mañana a mis padres por correo junto a una carta dándoles las gracias por todo, y mandarles recuerdos  a todos de mi parte.
Cuando lo terminé de encargar me fui a la cafetería, encontrándome a todos, incluyendo a aquel chico de ojos miel.

- ¡ Mónica, por fin! cuanto tardas, ¿ dónde estabas?- Dijo preocupada levantándose de la silla y dándome un tierno y acogedor  abrazo.

- Perdonar que haya tardado tanto, estaba echando un ojo en la librería que hace esquina, y no me he podido resistir a entrar- Respondí colocando el bolso en la silla, sacándome las gafas de sol y sentándome justamente al lado de Silvia, enfrente de Shawn.

- Es normal que Mónica se pierda entre los pasillos de la librería, le encanta , ¿verdad??- Bromeó mi amiga soltando una sonora carcajada que en unos segundos se formó en una grupal.
- Cierto, Silvia, cierto. - Terminé diciendo.
¿ Bueno y de que habláis?¿ Todo bien?- Pregunté a todos a lo que todos empezaron ha hablar.

Pasaron un par de horas y seguíamos ahí, en cada momento sentía la mirada de él sobre mí, de repente miraba yo y apartaba la mirada rápidamente , descolocaba su cabello y rascaba su nuca nervioso dirigiendo la vista al mantel granate. Fue un gran entretenimiento para los dos. 

Después de pagar nuestros cafés, decidimos ir a dar un paseo a un parque enorme donde el protagonista de este era un pequeño lago, en el que podías surcar estas aguas con unas barcas. De camino a montaros a estas, en la fila alguien se posicionó a mi lado y dijo:

- ¿ Te gustaría montarte conmigo en las barcas? Solo si quieres, así, podríamos conocernos mejor, no se solo si quieres. Sino...- Hablaba rápidamente a lo que hizo gracia y decidí intervenir. Interrumpí.

- Claro que si Shawn, no te preocupes.- Dije perdiéndome en su sonrisa.

- Perfecto, si quieres espérame allí con Silvia. En un momento voy.- Anunció pendiente de la fila procurando no perder el turno.

Me dirigí hacia donde estaba Silvia,  hablé con ella sobre lo que me pasaba con Shawn, me dio algunos consejos y unas opiniones. Luego vinieron los chicos y pasamos lo que quedaba de tarde con ellos.

Me lo pasé muy bien con Shawn, hablamos sobre lo que nos gustaba. A él también le gustaba leer, y tocaba la guitarra. Nos dimos los números de teléfono para hablar más a menudo.

Regresé con Bruno y Silvia al departamento aunque Bruno minutos después se fue al suyo.

Hablamos durante una hora sobre todo mi amiga y yo. Más tarde, decidimos irnos a dormir aunque no sabría lo que me depararía mañana, no obstante el arriesgo es mucho mejor que la monotonía. Preferiría vivir arriesgando que vivir con mi antigua rutina, y quien sabe, que me depararía el futuro.






domingo, 1 de febrero de 2015

Capítulo 6 - Conseguir lo que uno quiere.




 Anoche fue la primera vez que descubrí que es el amor a primera vista, saboreé la     magia que transmitía el haber tocado su mejilla contra la mía, el encontrar su mirada puesta en mí, su voz que era música para mis oídos. Todo de el me parecía perfecto esa era la palabra. 
Me desperté más feliz que una lombriz, con una sonrisa constante en mi cara, encajé mis zapatillas de conejos y me dirigí a la habitación de huéspedes donde se encontraba Silvia. Me paré en la puerta, un ruido a dentro de la habitación me detuvo. La curiosidad y la inquietud se apoderaron de mí, pero la curiosidad dominó. El dormitorio estaba a oscuras, no se apreciaba ningún matiz de luz, pero el sonido aumentaba a la vez que me adentraba en el cuarto.
Fui a subir la persiana. Poco a poco pude ver a una Silvia dormida, con la boca abierta dejando un rastro de saliva por la almohada, el ruido aterrador que se escuchaba desde el pasillo eran los ronquidos de mi peculiar amiga.
Me acerqué a la cama aguantándome la risa, intentando contenerme, pero por parte de Silvia lo empeoró subiendo los decibelios de sus carraspeos, haciendo que estará en una sonora carcajada.
Silvia asustada, abrió los ojos como platos, y se calló de la cama.

- ¡AH! Mónica,¿ no podías haberme desertado de otra manera?- Preguntó rascándose  se la nuca y tallando sus ojos, mientras yo estaba revolviéndome por la habitación intentando respirar.

- Lo siento, es tu culpa, tu eres la que me habías asustado desde el principio- Dije sentándome en la cama intentando contenerme recordando lo ocurrido.

-¿ De qué hablas?- Me cuestionó, saliendo de la habitación dirigiéndose a la cocina.

- Nada Silvia, solo que tienes problemas de ronquidos.- Manifesté imitando su acción y sentándose en la encimera de la cocina.

- Eso no es verdad, bueno déjalo. Vamos a desayunar.- Articuló dirigiéndose al salón con una bandeja de  café y dos  pares de rebanadas de pan con mermelada.


Nos sentamos las dos en el sillón, y desayunamos viendo las noticias.

Mientras desayunaba, tomé perspectiva de vida. La amistad está constituida por las mejores personas que podría tener y confiar en ellas. La familia, hacía mucho que no la veía por temas de distancia y de trabajo, pero hablamos a menudo. Ya que no están aquí conmigo, nos ponemos en contacto por teléfono o por ordenador aunque más por teléfono ya que no entienden todavía como usar la web cam. El amor, Shawn ocupaba ese lugar aunque no quería hacerme ilusiones ya que solo nos conocíamos de un día. Pero intuía que llegaría lejos, sea amor o lleguemos a ser amigos.
En cuanto el último rango que era la cuestión que permanecía por un tiempo era la de mi trabajo.

Decidí preguntar a Silvia para que me aconsejara:

- Silvia, puedo preguntarte una cosa, es algo importante para mí y tengo que saber tu opinión.- Dije bajando el volumen de la televisión y acercándome a ella.

- Claro, tu ya sabes que conmigo puede contar con cualquier cosa.- Parloteó acariciando mi pierna, y acercándose a mí. 

- Mira, tengo un problema. Tu ya sabes que estoy trabajando desde hace tiempo en una de las empresas más importantes de aquí,- Dije y ella asintió.- Pues, resulta que no me gusta ese trabajo. Me sentí obligaba por mi misma ya que quería ser alguien importante, ya sabes mi peculiar obsesión, pero he estado pensando y el otro día me dí cuenta cuando estábamos en la azotea,de aquel restaurante famoso lleno de gente que se les reconoce por su dinero y prefiero ser feliz con poco, que tener tener mucho que me falte lo más importante tú, mi familia y mi felicidad.- Terminé jugando con mis dedos nerviosamente.

- Mónica,¿sabes que estoy muy orgullosa de ti verdad?.- Dijo abrazándome y soltando unas pequeñas lágrimas.
Me parece genial que quieras ser feliz, porque te lo mereces, pero no veo cual es el problema.- Dijo pero yo interrumpí terminando de explicar.

-Pues que no se como decir a mi jefe que después de tantos años de preparatoria, de trabajo y de ascensos. Por una parte en esos años, he aprendido mucho y me han ayudado mucho mis jefes, mis compañeros, todos.- Unas lágrimas se me escaparon recordando aquellos momentos, tanto buenos como malos. 


- Yo lo único que puedo decirte, es que hagas lo que creas que sea lo mejor para ti, para ser feliz. Pero quiero que sepas que pase lo que pase, siempre me tendrás para todo lo que quieras.- Dijo, terminando haciendo que las dos acabáramos inundando el apartamento.
-Mónica, te tengo que contar una especie de ``cuento´´, de una chica que conocí que tenía la misma preocupación que tienes tu.- Parloteó sentándose hacia atrás a lo que yo plagié.


- Adelante, seguro que me puede ayudar.- Dije mirándola directamente a los ojos atenta de lo que me iba a contar.

- Pues se la chica se llama Sandra, y ella nunca había dicho no a nadie, y si hacía falta mentir para que los demás estén bien con ella, era capaz de hacerlo. Hasta que se dio cuenta de que en la vida hay gente que se aprovecha de los demás, y de que para ayudar a los demás aunque no quieras hacer daño con algo ocultándose lo , es mejor decir la verdad que ocultarlo y vivir con ello.- Terminó acariciándome el pelo, y paró y me miró a la cara finalizando el relato..

- Muchas gracias Silvia, gracias por todo.- Dije abrazándola y levantándome del sofá para hacer lo mismo que la protagonista del relato que haría ahora mismo.

- ¿ A dónde vas?.- Preguntó Silvia.

- Voy ha hablar con mi jefe, y a recoger mis cosas, luego hablamos.- Dije colocándome el grueso abrigo y despidiéndome de ella.


Mónica habló con su jefe y este la comprendió y la dijo que si era lo que ella quería, estaba contento con su decisión.


Ir siempre con la verdad por delante, 

como un caballero andante.