domingo, 1 de febrero de 2015

Capítulo 6 - Conseguir lo que uno quiere.




 Anoche fue la primera vez que descubrí que es el amor a primera vista, saboreé la     magia que transmitía el haber tocado su mejilla contra la mía, el encontrar su mirada puesta en mí, su voz que era música para mis oídos. Todo de el me parecía perfecto esa era la palabra. 
Me desperté más feliz que una lombriz, con una sonrisa constante en mi cara, encajé mis zapatillas de conejos y me dirigí a la habitación de huéspedes donde se encontraba Silvia. Me paré en la puerta, un ruido a dentro de la habitación me detuvo. La curiosidad y la inquietud se apoderaron de mí, pero la curiosidad dominó. El dormitorio estaba a oscuras, no se apreciaba ningún matiz de luz, pero el sonido aumentaba a la vez que me adentraba en el cuarto.
Fui a subir la persiana. Poco a poco pude ver a una Silvia dormida, con la boca abierta dejando un rastro de saliva por la almohada, el ruido aterrador que se escuchaba desde el pasillo eran los ronquidos de mi peculiar amiga.
Me acerqué a la cama aguantándome la risa, intentando contenerme, pero por parte de Silvia lo empeoró subiendo los decibelios de sus carraspeos, haciendo que estará en una sonora carcajada.
Silvia asustada, abrió los ojos como platos, y se calló de la cama.

- ¡AH! Mónica,¿ no podías haberme desertado de otra manera?- Preguntó rascándose  se la nuca y tallando sus ojos, mientras yo estaba revolviéndome por la habitación intentando respirar.

- Lo siento, es tu culpa, tu eres la que me habías asustado desde el principio- Dije sentándome en la cama intentando contenerme recordando lo ocurrido.

-¿ De qué hablas?- Me cuestionó, saliendo de la habitación dirigiéndose a la cocina.

- Nada Silvia, solo que tienes problemas de ronquidos.- Manifesté imitando su acción y sentándose en la encimera de la cocina.

- Eso no es verdad, bueno déjalo. Vamos a desayunar.- Articuló dirigiéndose al salón con una bandeja de  café y dos  pares de rebanadas de pan con mermelada.


Nos sentamos las dos en el sillón, y desayunamos viendo las noticias.

Mientras desayunaba, tomé perspectiva de vida. La amistad está constituida por las mejores personas que podría tener y confiar en ellas. La familia, hacía mucho que no la veía por temas de distancia y de trabajo, pero hablamos a menudo. Ya que no están aquí conmigo, nos ponemos en contacto por teléfono o por ordenador aunque más por teléfono ya que no entienden todavía como usar la web cam. El amor, Shawn ocupaba ese lugar aunque no quería hacerme ilusiones ya que solo nos conocíamos de un día. Pero intuía que llegaría lejos, sea amor o lleguemos a ser amigos.
En cuanto el último rango que era la cuestión que permanecía por un tiempo era la de mi trabajo.

Decidí preguntar a Silvia para que me aconsejara:

- Silvia, puedo preguntarte una cosa, es algo importante para mí y tengo que saber tu opinión.- Dije bajando el volumen de la televisión y acercándome a ella.

- Claro, tu ya sabes que conmigo puede contar con cualquier cosa.- Parloteó acariciando mi pierna, y acercándose a mí. 

- Mira, tengo un problema. Tu ya sabes que estoy trabajando desde hace tiempo en una de las empresas más importantes de aquí,- Dije y ella asintió.- Pues, resulta que no me gusta ese trabajo. Me sentí obligaba por mi misma ya que quería ser alguien importante, ya sabes mi peculiar obsesión, pero he estado pensando y el otro día me dí cuenta cuando estábamos en la azotea,de aquel restaurante famoso lleno de gente que se les reconoce por su dinero y prefiero ser feliz con poco, que tener tener mucho que me falte lo más importante tú, mi familia y mi felicidad.- Terminé jugando con mis dedos nerviosamente.

- Mónica,¿sabes que estoy muy orgullosa de ti verdad?.- Dijo abrazándome y soltando unas pequeñas lágrimas.
Me parece genial que quieras ser feliz, porque te lo mereces, pero no veo cual es el problema.- Dijo pero yo interrumpí terminando de explicar.

-Pues que no se como decir a mi jefe que después de tantos años de preparatoria, de trabajo y de ascensos. Por una parte en esos años, he aprendido mucho y me han ayudado mucho mis jefes, mis compañeros, todos.- Unas lágrimas se me escaparon recordando aquellos momentos, tanto buenos como malos. 


- Yo lo único que puedo decirte, es que hagas lo que creas que sea lo mejor para ti, para ser feliz. Pero quiero que sepas que pase lo que pase, siempre me tendrás para todo lo que quieras.- Dijo, terminando haciendo que las dos acabáramos inundando el apartamento.
-Mónica, te tengo que contar una especie de ``cuento´´, de una chica que conocí que tenía la misma preocupación que tienes tu.- Parloteó sentándose hacia atrás a lo que yo plagié.


- Adelante, seguro que me puede ayudar.- Dije mirándola directamente a los ojos atenta de lo que me iba a contar.

- Pues se la chica se llama Sandra, y ella nunca había dicho no a nadie, y si hacía falta mentir para que los demás estén bien con ella, era capaz de hacerlo. Hasta que se dio cuenta de que en la vida hay gente que se aprovecha de los demás, y de que para ayudar a los demás aunque no quieras hacer daño con algo ocultándose lo , es mejor decir la verdad que ocultarlo y vivir con ello.- Terminó acariciándome el pelo, y paró y me miró a la cara finalizando el relato..

- Muchas gracias Silvia, gracias por todo.- Dije abrazándola y levantándome del sofá para hacer lo mismo que la protagonista del relato que haría ahora mismo.

- ¿ A dónde vas?.- Preguntó Silvia.

- Voy ha hablar con mi jefe, y a recoger mis cosas, luego hablamos.- Dije colocándome el grueso abrigo y despidiéndome de ella.


Mónica habló con su jefe y este la comprendió y la dijo que si era lo que ella quería, estaba contento con su decisión.


Ir siempre con la verdad por delante, 

como un caballero andante.






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